A 23 años del desastre del Columbia: los 16 minutos que separaban a la nave de su regreso
A 23 años del desastre del Columbia: los 16 minutos que separaban a la nave de su regreso
Domingo 1 de febrero de 2026 | 15:13

Nota: Este resumen fue generado por una herramienta de inteligencia artificial y revisado por el editor y el autor de este artículo.

El 1 de febrero de 2003, el transbordador espacial Columbia se desintegró durante su reingreso a la atmósfera terrestre, matando a sus siete tripulantes. La causa fue el impacto de un fragmento de espuma aislante del tanque externo durante el despegue, que dañó la protección térmica del ala izquierda. A pesar de que ingenieros detectaron el problema, la NASA lo minimizó, normalizando un riesgo conocido. La investigación posterior reveló fallas profundas en la cultura de seguridad de la agencia, un fenómeno denominado "normalización de la desviación", similar al que causó el desastre del Challenger. El accidente suspendió el programa de transbordadores por más de dos años y llevó a reformas significativas en los protocolos de seguridad y en la toma de decisiones de la NASA.

El 1 de febrero de 2003, el transbordador Columbia se desintegró sobre Texas minutos antes de aterrizar. La tragedia, causada por un daño en el despegue que la NASA minimizó, reveló una cultura de riesgos normalizados y cobró la vida de sus siete tripulantes.

El desastre del transbordador espacial que cobró siete vidas y cambió para siempre el programa espacial estadounidense

1 de febrero de 2003 - Faltaban apenas 16 minutos para que el transbordador espacial Columbia completara su vigésima octava misión. A las 9:00 a.m. hora de la costa este, mientras sobrevolaba Texas a más de 23,000 kilómetros por hora, la nave se desintegró en el aire ante los ojos del mundo. Los siete astronautas a bordo murieron en cuestión de segundos. Lo que debía ser una rutinaria conclusión de una exitosa misión científica se convirtió en la segunda mayor tragedia del programa del transbordador espacial de la NASA, 17 años después del desastre del Challenger.

Desintegración en el reingreso.

Una Misión de Ciencia Pura

La misión STS-107 había despegado el 16 de enero de 2003 desde el Centro Espacial Kennedy en Florida a las 10:39 a.m. EST. Era el vuelo número 113 del programa del transbordador espacial y el vigésimo octavo del orbitador Columbia, el primero y más veterano de la flota de transbordadores de la NASA, que había realizado su vuelo inaugural el 12 de abril de 1981.

A diferencia de otras misiones que se dirigían a la Estación Espacial Internacional, la STS-107 era una misión científica dedicada exclusivamente a la investigación en múltiples disciplinas. Durante 16 días en órbita, la tripulación trabajó las 24 horas dividida en dos turnos para realizar más de 80 experimentos en campos que incluían investigación en microgravedad, ciencias de la Tierra, física de fluidos, ciencia de materiales y biotecnología. Los experimentos se llevaban a cabo principalmente en el módulo SpaceHab, ubicado en la bahía de carga del transbordador.

Despegue del Transbordador Columbia (NASA)

Los Siete del Columbia

La tripulación estaba integrada por:

  • Rick D. Husband (45 años), comandante de la misión, coronel de la Fuerza Aérea, en su segundo vuelo espacial

  • William C. McCool (41 años), piloto, comandante de la Marina, en su primer vuelo espacial

  • Michael P. Anderson (43 años), comandante de carga, teniente coronel de la Fuerza Aérea, en su segundo vuelo

  • David M. Brown (46 años), especialista de misión, capitán de la Marina, en su primer vuelo

  • Kalpana Chawla (41 años), especialista de misión, nacida en India, en su segundo vuelo espacial

  • Laurel Blair Salton Clark (41 años), especialista de misión, comandante de la Marina, en su primer vuelo

  • Ilan Ramon (48 años), especialista de carga, coronel de la Fuerza Aérea de Israel, el primer astronauta israelí en el espacio

Las imágenes de video grabadas en la cabina mostraban a una tripulación feliz, orgullosa de haber cumplido exitosamente todos sus objetivos científicos. La última transmisión fue apenas 15 minutos antes del desastre.

La tripulación (NASA)

El Golpe Silencioso

El problema comenzó en el momento del despegue, aunque nadie lo supo hasta que fue demasiado tarde. A los 82 segundos del lanzamiento, una pieza de espuma de poliuretano aislante se desprendió de la rampa bípode del tanque externo de combustible. El fragmento, de aproximadamente 30 por 60 centímetros y poco más de 700 gramos de peso, golpeó el borde de ataque del ala izquierda del transbordador a una velocidad relativa de casi 800 kilómetros por hora.

Las cámaras capturaron el impacto, pero la calidad de las imágenes de la época no permitió determinar con precisión la magnitud del daño. Al día siguiente del lanzamiento, los ingenieros revisaron las filmaciones y algunos expresaron preocupación. Sin embargo, los directores del programa minimizaron el incidente.

El desprendimiento de espuma del tanque externo no era un fenómeno nuevo. Había ocurrido en al menos ocho misiones anteriores, incluyendo las STS-7 (1983), STS-32 (1990), STS-50 (1992) y STS-112 (apenas dos lanzamientos antes de la STS-107). Como nunca antes había causado consecuencias graves, la dirección de la NASA había llegado a normalizar estos eventos, incluso refiriéndose a ellos como simple "derramamiento de espuma".

Algunos ingenieros solicitaron que se utilizaran satélites de reconocimiento militar para fotografiar el ala del Columbia y evaluar el daño, pero la petición fue denegada. Los administradores argumentaron que, de confirmarse un daño grave, la tripulación no podría repararlo en órbita, por lo que era inútil preocuparlos durante su misión.

"No podemos hacer nada. Si les decimos, dejarán de disfrutar su misión y no sabemos si ocurrirá algo cuando reingresen", recordó años después uno de los ingenieros que planteó sus preocupaciones.

Los Últimos Minutos

El 1 de febrero de 2003, el Columbia inició su reingreso a la atmósfera terrestre. El aterrizaje estaba programado para las 9:16 a.m. en el Centro Espacial Kennedy. A las 3:30 a.m., el equipo de control de entrada comenzó su turno en Houston. A bordo, Husband y McCool iniciaron la lista de verificación de reingreso 45 minutos antes del descenso.

A las 8:10 a.m., el Columbia cruzó la costa de California a una altitud de aproximadamente 120 kilómetros, viajando a Mach 23. Todo parecía normal.

Pero el golpe de espuma había abierto una brecha de entre 15 y 25 centímetros de diámetro en los paneles de carbono-carbono reforzados del ala izquierda, materiales que se creían prácticamente indestructibles. Durante el reingreso, cuando las temperaturas superaban los 1,650 grados Celsius, gases atmosféricos sobrecalentados comenzaron a penetrar a través de esa abertura.

A las 8:54:24 a.m., los sensores del sistema hidráulico del ala izquierda comenzaron a dar lecturas anormales. En el Centro de Control de Houston empezaron a aparecer datos fuera de los parámetros normales en las pantallas.

A las 8:56:46, cuando el Columbia sobrevolaba California, observadores en tierra vieron fragmentos desprenderse de la nave. La grabadora de datos registró una desviación hacia el lado izquierdo.

A las 8:58:03, el ajuste del alerón del orbitador cambió de los valores previstos debido al daño estructural del ala. A las 8:58:21, una placa del sistema de protección térmica se desprendió y cayó sobre Littlefield, Texas.

A las 8:59:32, el Centro de Control perdió toda comunicación con el Columbia.

La Desintegración

Los gases calientes habían destruido la estructura interna del ala izquierda. La nave perdió estabilidad aerodinámica y entró en un giro incontrolable. Las fuerzas G se multiplicaron brutalmente. La violenta despresurización de la cabina mató a los siete astronautas en aproximadamente 40 segundos.

Pero incluso si hubieran sobrevivido a la despresurización, los análisis posteriores determinaron que no habrían resistido otras causas mortales. Los cinturones de seguridad sostenían la parte inferior del cuerpo pero no los troncos y brazos, que se movían violentamente por la gravedad y la velocidad extrema, causando fracturas múltiples y lesiones irreversibles en la columna vertebral. Los cascos, que no estaban diseñados como los actuales de Fórmula 1, permitían el movimiento de la cabeza dentro de ellos, provocando impactos repetidos del cráneo contra el interior del casco. Y finalmente, la desintegración completa de la nave cuando aún viajaba a velocidad ultrasónica.

El transbordador se fragmentó sobre Texas y Luisiana. Una lluvia de escombros ardientes cayó sobre tres estados: miles de piezas, algunas del tamaño de una moneda, otras como un automóvil pequeño, esparcidas en un área de cientos de kilómetros cuadrados.

A las 9 de la mañana, apenas 16 minutos antes del aterrizaje previsto, millones de estadounidenses vieron las imágenes en directo: una estela de fuego y humo descontrolada, como una constelación de estrellas fugaces que se fragmentaba en el cielo de Texas.

El presidente George W. Bush se dirigió a la nación a las pocas horas: "Este día trajo noticias terribles y una enorme tristeza a nuestro país. A las 9 de la mañana, el Centro de Control de Houston perdió contacto con el transbordador espacial Columbia. Poco después, escombros y restos fueron vistos caer sobre Texas. El Columbia está perdido. No hay sobrevivientes".

La Búsqueda

La operación de recuperación fue la más extensa de la historia estadounidense. La búsqueda se extendió por Texas, Luisiana y Arkansas, con sede central en la Base Aérea de Barksdale en Shreveport, Luisiana.

Más de 25,000 voluntarios participaron en el rastrillaje. El FBI destinó 500 agentes. La prioridad era recuperar los cuerpos de los siete tripulantes, tarea que tomó varios días y se complicó por la densidad de los bosques de la zona. La búsqueda de fragmentos de la nave duró siete meses.

Finalmente se recuperaron casi 85,000 piezas de la nave, que fueron transportadas al Centro Espacial Kennedy y alojadas en el hangar de escombros del Columbia, cerca de la pista de aterrizaje. Allí, en un enorme galpón, se dibujó la figura del transbordador en tamaño real en el piso y se fueron colocando las piezas encontradas, como un rompecabezas trágico. Sin embargo, solo se pudo recuperar aproximadamente el 40% del orbitador. Más de 40,000 fragmentos no pudieron ser identificados en cuanto a su ubicación o función original, testimonio del nivel de desintegración sufrido.

Recuperación de partes (NASA)

La Normalización de la Desviación

La Junta de Investigación del Accidente del Columbia (CAIB, por sus siglas en inglés) publicó un informe final de más de 400 páginas que iba mucho más allá de la causa técnica inmediata del accidente.

El informe confirmó que desde 1983 se habían producido desprendimientos de espuma aislante durante los lanzamientos y que el daño al Columbia no fue estudiado en profundidad ni tomado con la seriedad necesaria, a pesar de ocho alertas de ingenieros.

"Estas prácticas significan que los fallos están incrustados en el sistema de la NASA desde hace 20 años", concluyó el informe.

La socióloga Diane Vaughan, quien había estudiado el desastre del Challenger y posteriormente formó parte de la investigación del Columbia, identificó el fenómeno como "normalización de la desviación". En sistemas complejos como las naves espaciales, explicó, se tiende a desestimar potenciales defectos cuando inicialmente no producen consecuencias negativas. Con el tiempo, esos problemas se normalizan, se naturalizan, hasta que se desata una tragedia.

Es el mismo patrón que había llevado al desastre del Challenger en 1986, cuando los problemas con las juntas tóricas fueron normalizados hasta que fallaron catastróficamente en condiciones de frío extremo.

El informe también señaló que existía la posibilidad de haber enviado el transbordador Atlantis en una misión de rescate si se hubiera confirmado el daño crítico al Columbia. Los astronautas podrían haber realizado caminatas espaciales para reparar el daño o, en el peor de los casos, esperar el rescate en órbita. Pero al minimizar el problema desde el principio, esa opción nunca fue considerada seriamente.

Las Consecuencias

El programa del transbordador espacial fue suspendido durante más de dos años, similar a lo ocurrido tras el Challenger. La construcción de la Estación Espacial Internacional se detuvo, dependiendo completamente de la Agencia Espacial Federal Rusa para reabastecimiento durante 29 meses.

Cuando los vuelos se reanudaron en julio de 2005 con la misión STS-114, la NASA había implementado cambios profundos:

  • Inspecciones exhaustivas en órbita del sistema de protección térmica del transbordador después del ascenso

  • Mantenimiento de misiones de rescate designadas en estado de preparación en caso de encontrar daños irreparables

  • Con excepción de una última misión para reparar el telescopio espacial Hubble, todas las misiones posteriores fueron solo a la ISS, para que la tripulación pudiera usarla como "refugio seguro" si fuera necesario

  • Modificaciones técnicas en el tanque externo para reducir el desprendimiento de espuma

  • Cambios organizativos en la cultura de toma de decisiones de seguridad

El programa del transbordador espacial continuó hasta 2011, cuando fue retirado definitivamente. En sus 30 años de operación, completó 135 misiones, pero dos de ellas, Challenger y Columbia, resultaron en la pérdida de 14 astronautas.

El Legado

Los restos del Columbia que no fueron necesarios para la investigación fueron almacenados en silos en el Centro Espacial Kennedy. Algunos fragmentos aparecieron en subastas en línea en los años siguientes, aunque fueron incautados por las autoridades federales.

A bordo del Columbia viajaba una copia de un dibujo de Petr Ginz, un niño de 14 años que fue prisionero en un campo de concentración nazi y que había dibujado cómo imaginaba que se vería la Tierra desde la Luna. El dibujo pereció con la nave.

La tragedia del Columbia dejó lecciones dolorosas sobre los peligros de la complacencia, la presión institucional y la normalización de riesgos en organizaciones complejas. Como señaló el informe CAIB, "la causa del desastre no es una historia de maldad, sino de la banalidad de la vida organizacional".

Hoy, 23 años después, el 1 de febrero sigue siendo un Día de Remembranza de la NASA, junto con el 27 de enero (aniversario del incendio del Apolo 1 en 1967) y el 28 de enero (aniversario del Challenger en 1986). Tres fechas que recuerdan los mayores costos humanos de la exploración espacial estadounidense.

Los siete del Columbia no solo fueron astronautas. Fueron científicos, pilotos militares, ingenieros y exploradores que representaban la diversidad y el espíritu de descubrimiento de la humanidad. Su legado permanece en los datos científicos que lograron transmitir desde el espacio, en las lecciones de seguridad que su sacrificio enseñó, y en la memoria de que la exploración espacial, por más rutinaria que parezca, siempre conlleva riesgos extraordinarios.

Como dijera el presidente Bush aquel trágico día de febrero: "La causa por la que los astronautas murieron continuará. Nuestro viaje por el espacio seguirá".

Fuentes consultadas:

  • Informe de la Junta de Investigación del Accidente del Columbia (CAIB), 2003
    NASA - Archivo de la misión STS-107
    Vaughan, Diane. "The Challenger Launch Decision: Risky Technology, Culture, and Deviance at NASA"
    Documentación técnica de la NASA sobre el accidente

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