Roma empieza a cobrar entrada para acercarse a la Fontana di Trevi y cambia la experiencia turística

La capital italiana implementó un ticket de 2 euros para acceder al área más cercana a la Fontana di Trevi en horarios de alta afluencia. La medida busca ordenar el turismo masivo y financiar la conservación de uno de los monumentos más visitados del mundo.

Redacción Milenio
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Equipo de Redacción
Lunes 2 de febrero de 2026
Roma empieza a cobrar entrada para acercarse a la Fontana di Trevi y cambia la experiencia turística

Nota: Este resumen fue generado por una herramienta de inteligencia artificial y revisado por el editor y el autor de este artículo.

Desde el 2 de febrero, Roma comenzó a cobrar una entrada de 2 euros para acceder al sector más cercano a la Fontana di Trevi en horarios de alta afluencia. La medida no impide ver el monumento, que sigue siendo gratuito desde la plaza, pero sí regula el ingreso a los escalones y al borde de la fuente. El objetivo es reducir la saturación turística, mejorar la seguridad y recaudar fondos para el mantenimiento del patrimonio. El cobro rige en franjas horarias específicas y contempla exenciones para residentes, menores, personas con discapacidad y guías habilitados. En su primer día, el sistema generó menos aglomeraciones, aunque también confusión y opiniones divididas entre los visitantes.

Roma dio un paso inédito en la gestión de su patrimonio turístico: desde el 2 de febrero comenzó a cobrar una entrada de 2 euros para que los visitantes puedan acceder al sector más próximo a la Fontana di Trevi, uno de los íconos más fotografiados y concurridos de la ciudad. La decisión marca un cambio en la forma de recorrer el centro histórico y abre un nuevo capítulo en el debate sobre el turismo masivo en Europa.

El sistema no restringe la vista del monumento, que sigue siendo gratuita desde la plaza. El pago se aplica únicamente a quienes desean descender los escalones y acercarse al borde de la fuente durante los horarios de mayor circulación. Según informó el municipio, el cobro rige de lunes a viernes entre las 11.30 y las 22, y los fines de semana desde las 9 hasta las 22. Fuera de esas franjas horarias, el acceso vuelve a ser libre.

La medida forma parte de un plan más amplio para controlar la saturación diaria que sufre la Fontana di Trevi, donde en temporada alta pueden concentrarse miles de personas al mismo tiempo. Autoridades locales señalaron que el objetivo es mejorar la experiencia del visitante, reducir riesgos de seguridad y preservar el monumento, sometido a un desgaste constante por la afluencia turística.

El primer día de implementación dejó escenas de menor aglomeración frente a la fuente, aunque también generó confusión entre turistas que desconocían el nuevo sistema. Algunos visitantes consideraron razonable el valor de la entrada, mientras que otros cuestionaron el pago por acercarse a un espacio histórico tradicionalmente abierto. Personal municipal debió explicar en reiteradas ocasiones que la tarifa no limita el acceso visual ni impide recorrer la plaza.

El esquema contempla exenciones: los residentes de Roma y de su área metropolitana, los menores de seis años, las personas con discapacidad y sus acompañantes, así como los guías turísticos habilitados, no deben abonar el ticket. Desde el gobierno local remarcaron que el monto es simbólico y que los fondos recaudados se destinarán a tareas de mantenimiento, limpieza y restauración del patrimonio.

La Fontana di Trevi no es el primer sitio romano en adoptar un modelo de acceso pago. En los últimos años, el Panteón comenzó a cobrar entrada y Venecia implementó tarifas para regular el ingreso en jornadas de alta demanda. El denominador común es la búsqueda de equilibrio entre el atractivo turístico y la conservación de ciudades que reciben millones de visitantes cada año.

Para quienes planean un viaje a Roma, el cambio introduce una nueva variable a tener en cuenta. Ver la Fontana di Trevi sigue siendo gratuito, pero acercarse al agua para cumplir con el ritual de arrojar una moneda ahora tiene un costo y horarios definidos. Una señal clara de que, incluso en destinos históricos, la experiencia turística está empezando a redefinirse.

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