BARCELONA — Un equipo multidisciplinario del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona completó este lunes el primer trasplante de cara en el mundo basado en tejido donado por una persona que había recibido eutanasia, informó el propio centro sanitario en una rueda de prensa. La operación, catalogada como un hito en cirugía reconstructiva y trasplantes complejos, involucra a especialistas en cirugía plástica, microcirugía, inmunología, psiquiatría y rehabilitación, entre otras disciplinas.
La receptora, identificada únicamente con el nombre de Carme, padeció necrosis de tejidos faciales tras una infección bacteriana vinculada a la picadura de un insecto que desfiguró gravemente su rostro y comprometió funciones básicas como la respiración, la alimentación y el habla. El trasplante parcial restauró parte central de su cara y representa un avance técnico significativo en este tipo de intervenciones.

En la presentación pública, la directora asistencial del hospital, María José Abadías, afirmó que el procedimiento se realizó con tejido de una donante que había decidido someterse a la Prestación de ayuda para morir (Pram), figura legal de eutanasia en España, y que autorizó la donación de su cara con antelación. Explicó que se trata del sexto trasplante facial efectuado en España —tres de ellos en Vall d’Hebron— y del número 54 documentado globalmente.
La planificación de la cirugía se benefició de la previsión del fallecimiento de la donante, lo que permitió elaborar modelos tridimensionales tanto del rostro de la donante como de la receptora. Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados, subrayó que esta preparación facilitó la precisión del procedimiento, considerado de extrema dificultad por la complejidad anatómica y funcional de los tejidos implicados.
Más de un centenar de profesionales participaron en la intervención, que requirió meses de coordinación entre diversas áreas médicas y técnicas. El uso de tecnologías avanzadas incluyó planificación 3D con guías de corte adaptadas a cada paciente, control continuo neurofisiológico e innovaciones en perfusión intraoperatoria y monitoreo posoperatorio.
El protocolo de trasplante facial obliga a que donante y receptor compartan características como sexo y grupo sanguíneo, y que existan compatibilidades antropométricas específicas para lograr un encaje funcional de los tejidos. El proceso previo a la intervención involucra extensas evaluaciones médicas y psicosociales para asegurar la idoneidad del receptor y su capacidad de adaptación postoperatoria.

Tras la operación, la paciente permaneció ingresada un mes, primero en la unidad de cuidados intensivos especializada y luego en planta, donde se inició un programa intensivo de rehabilitación destinado a recuperar funciones como masticar, gesticular y expresividad facial. El enfoque terapéutico también contempla apoyo psicológico para acompañar la adaptación emocional al nuevo rostro y al tratamiento inmunosupresor que requiere todo trasplante de tejidos compuestos.
La directora general de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Beatriz Domínguez-Gil, destacó en un comunicado que la intervención es fruto de un esfuerzo colectivo y que demuestra la capacidad del sistema sanitario para abordar procedimientos de máxima complejidad. Señaló que la generosidad de la donante y la coordinación de equipos especializados han sido factores clave para el éxito del trasplante.
Este avance se produce en un contexto en que España mantiene un liderazgo mundial en donación y trasplantes de órganos, con una infraestructura consolidada para procedimientos altamente técnicos. La operación de Vall d’Hebron, al incorporar la figura de la eutanasia como antecedente a una donación facial, abre un nuevo capítulo en las posibilidades éticas y clínicas de la medicina reconstructiva.










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