Un dispositivo cotidiano que ha permanecido prácticamente sin cambios durante siglos está a punto de experimentar su mayor transformación. La startup finlandesa IXI ha comenzado a aceptar solicitudes en una lista de espera para lo que anuncia como las primeras gafas inteligentes con autofocus del mundo, un producto que busca eliminar para siempre la necesidad de ajustar manualmente el enfoque.
El núcleo de esta innovación reside en una combinación de óptica avanzada y miniaturización electrónica. En lugar de lentes estáticas, el dispositivo utiliza cristal líquido que cambia su curvatura de forma automática. Un sistema de sensores infrarrojos y fotodiodos integrado en la montura rastrea en tiempo real hacia dónde dirige la mirada el usuario. Estos datos se procesan mediante algoritmos patentados que ordenan el ajuste del enfoque, un proceso que, según la compañía, se completa en apenas 0.2 segundos. El resultado pretendido es una transición imperceptible y natural entre ver un objeto cercano y uno lejano, sin las zonas de distorsión características de las lentes progresivas tradicionales.
“Nuestro objetivo es fabricar unas gafas que se adapten al instante a la forma en que se percibe el mundo, con lentes que enfocan en función de dónde miras, de forma instantánea, natural y sin esfuerzo”, explicó Niko Eiden, CEO y cofundador de IXI. El reto de ingeniería, detallado por Eiden en el blog de la empresa: “El espacio con el que contamos es más reducido que cualquier otro en el mundo de las gafas inteligentes. Hemos tenido que inventar métodos completamente nuevos para miniaturizar los componentes electrónicos”.
El esfuerzo se materializa en un diseño que la firma promociona como el de las gafas inteligentes más ligeras del mundo, con una montura que pesa apenas 22 gramos e incluye toda la electrónica. Para garantizar la comodidad, han desarrollado un sistema de ajuste personalizado denominado True-Fit, que adapta las patillas, la pieza nasal y la inclinación. Timo Yliluoma, director de diseño de IXI, subraya que la meta no fue solo crear algo ligero, “sino a conseguir que llevar gafas resultara tan cómodo que se olvidara que se llevan puestas”.
Detrás de esta ambición hay un respaldo financiero considerable. Con sede en Espoo y apenas cinco años de existencia, IXI ha recaudado más de 40 millones de dólares de un grupo de inversores que incluye al Amazon Alexa Fund, Plural, Tesi y Heartcore, entre otros. Este capital apunta a un segmento de mercado, el de las gafas inteligentes, que se prevé crezca a un ritmo anual del 8%, superando la expansión de smartphones y smartwatches.
A pesar del avance, persisten desafíos técnicos clave, principalmente la autonomía energética. Las altas capacidades de computación en tiempo real deben convivir con un consumo ultra bajo. La empresa indica que la recarga se realizará de forma magnética durante la noche. Cada circuito, señalan, ha sido diseñado desde cero para cumplir con “requisitos únicos: consumo energético muy reducido, tamaño microscópico y rendimiento instantáneo”.
Si bien la fecha de lanzamiento comercial y el precio final aún no se han revelado, la sofisticación tecnológica sugiere un coste elevado. La lista de espera abierta marca el primer paso hacia una comercialización que, de tener éxito, podría redefinir no solo la corrección visual, sino también abrir puertas a futuras integraciones con realidad aumentada y plataformas de salud digital.










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