Teherán, Irán — Teherán volvió a quedar en el centro de la escena global tras la confirmación preliminar, reportada por la agencia Reuters, de que el ministro de Defensa iraní, Amir Nasirzadeh, y el comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Mohammad Pakpour, murieron durante los bombardeos coordinados lanzados por Estados Unidos e Israel el sábado 28 de febrero de 2026. Las versiones se apoyan en fuentes vinculadas a la inteligencia israelí y en contactos regionales, aunque hasta ahora no existe confirmación oficial detallada por parte de las autoridades iraníes sobre las identidades de los fallecidos.
La ofensiva conjunta —denominada “Furia Épica” por el Pentágono y “Rugido del León” por el gobierno israelí— tuvo como objetivo declarado degradar la cadena de mando militar iraní y afectar infraestructura vinculada al programa misilístico y nuclear. Según las mismas fuentes, el ataque se concentró en instalaciones estratégicas en Teherán y otras provincias, en lo que constituye la mayor acción militar directa contra la estructura de poder iraní desde la Revolución Islámica de 1979.
Nasirzadeh, ex piloto de combate y figura central del Ministerio de Defensa, representaba el nexo institucional entre el gobierno y el aparato militar. Pakpour, por su parte, había asumido el liderazgo de la Guardia Revolucionaria tras la muerte de Hossein Salami en ataques ocurridos en junio de 2025, consolidándose como uno de los hombres fuertes del sistema de seguridad iraní. De confirmarse sus muertes, el impacto sería significativo en términos de conducción estratégica y cohesión interna.
La respuesta iraní fue inmediata. Teherán lanzó misiles y drones contra territorio israelí y contra bases estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, ampliando el radio del conflicto. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, confirmó en declaraciones a NBC News que “dos comandantes militares murieron”, aunque evitó precisar nombres y sostuvo que el líder supremo, Ali Jamenei, permanece con vida.
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció que la operación podría implicar riesgos para tropas norteamericanas y reiteró su llamado al pueblo iraní a “tomar el control” del país. El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que la campaña continuará “el tiempo que sea necesario” para eliminar amenazas estratégicas.
Medios iraníes, incluida la agencia estatal IRNA, denunciaron además la muerte de al menos 63 civiles —entre ellos menores— en un ataque contra una escuela primaria en el sur del país, una acusación que agrega presión internacional y podría intensificar el aislamiento diplomático.
Más allá de las bajas específicas, la operación apunta a un objetivo mayor: debilitar el núcleo de poder militar que sostiene al régimen. Sin embargo, la capacidad de Irán para reorganizar su estructura de mando y sostener la cohesión de la Guardia Revolucionaria será determinante para evaluar si el golpe es táctico o estructural. La escalada ya impacta en los mercados energéticos y en la estabilidad del Golfo, elevando el riesgo de una confrontación regional prolongada.











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