Buenos Aires lleva años empujando un modelo de movilidad que favorece al visitante activo. La red de ciclovías protegidas ya supera los 300 kilómetros y atraviesa parques, áreas culturales y zonas históricas que antes sólo se recorrían caminando o en auto. Para muchos viajeros, moverse en bicicleta dejó de ser una elección deportiva: es una forma directa y sensorial de leer la ciudad sin tiempos muertos, sin tráfico y con paradas espontáneas en plazas, museos o cafés que aparecen en el camino.
Recoleta es uno de los puntos donde ese cambio se siente con más claridad. Es un barrio que combina elegancia, arquitectura europea, espacios verdes y una escala peatonal que favorece el deambular. Desde aquí nacen rutas que conectan con Palermo, el Casco Histórico y la Costanera, todas señalizadas y con estaciones EcoBici cercanas. Para quien viaja en primavera o verano, es una puerta de entrada amable a una Buenos Aires menos conocida: la que se descubre pedaleando.
En ese ecosistema, Recoleta Grand, a Tribute Portfolio Hotel, encaja de manera natural sin necesidad de “vender promesas”. Su ubicación —entre dos ciclovías que conectan los circuitos más transitados— hace que los huéspedes tengan literalmente la ciudad al pie del pedal. El hotel ofrece bicicletas de cortesía, un diferencial simple pero práctico que evita depender de sistemas públicos cuando se busca comodidad. Y la conserjería, parte de Clefs d’Or Argentina, orienta a quienes no conocen la ciudad para que elijan rutas seguras y atractivas sin improvisar.

El valor está en cómo el hotel acompaña la forma actual de viajar: más activa, más flexible y más integrada a la ciudad. La posibilidad de tomar una bici y conectar en minutos con circuitos culturales, parques y la vida cotidiana porteña transforma una estadía tradicional en un recorrido más auténtico. Recoleta Grand suma comodidad, ubicación estratégica y un entorno pensado para que moverse también sea parte del disfrute.
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