Una exprofesora rusa de 40 años, Polina Alexandrovna Azarnykh, está siendo señalada como el centro de una red que recluta mediante engaños a hombres extranjeros para que combatan en la guerra de Ucrania del lado ruso. A través de un canal de Telegram con más de 21.000 suscriptores, Azarnykh atrae principalmente a jóvenes de Siria, Egipto y Yemen, prometiéndoles contratos lucrativos, ciudadanía rusa y la posibilidad de evitar el combate. Sin embargo, una investigación de BBC Eye revela que muchos terminan en la primera línea de batalla con entrenamiento mínimo y sin poder abandonar el servicio.
La investigación de la BBC identificó cerca de 500 casos en los que Azarnykh proporcionó documentos de "invitación" que permiten el ingreso a Rusia para alistarse. Los testimonios de reclutas y sus familias, sin embargo, pintan un cuadro de engaño y explotación. Omar, un obrero sirio de 26 años que habló bajo seudónimo, relató cómo, tras pagarle 3.000 dólares con la promesa de un puesto no combatiente, fue enviado al frente con solo 10 días de entrenamiento. Al negarse a completar el pago, recibió un video donde Azarnykh quemaba su pasaporte. "Nos engañaron... esta mujer es una estafadora y una mentirosa", afirma.
Promesas falsas y contratos perpetuos
Los reclutados, muchos de los cuales no hablan ruso, firman contratos que no comprenden. Azarnykh no les explicaría que, bajo un decreto ruso de 2022, sus contratos pueden extenderse automáticamente hasta el fin de la guerra, anulando la promesa de un servicio de un año. Doce familias contactadas por la BBC declararon que jóvenes reclutados por ella están ahora muertos o desaparecidos. Yousef, un egipcio, contó que su hermano Mohammed, un estudiante con dificultades económicas, fue reclutado con la promesa de que podría seguir estudiando. Terminó en Ucrania y murió en combate.
Un sistema de reclutamiento informal y lucrativo
Expertos señalan que Azarnykh es parte de un sistema de reclutamiento informal que el Kremlin ha fomentado ante las enormes bajas rusas, estimadas en más de un millón desde 2022. Kateryna Stepanenko, investigadora del Instituto para el Estudio de la Guerra, explica que autoridades locales rusas ofrecen incentivos en efectivo a quienes recluten personas, una estrategia que sugiere que los métodos anteriores, como el uso del grupo Wagner, ya no son suficientes. Habib, otro sirio que trabajó con Azarnykh y habló con la BBC, afirmó que ella recibiría 300 dólares por cada recluta. "Polina se llevaba a los hombres, sabiendo que iban a morir", declaró.

Cuando la BBC contactó a Azarnykh, ella negó las acusaciones, calificó el reporte como "poco profesional" y amenazó con acciones legales por difamación. Los ministerios de Asuntos Exteriores y de Defensa de Rusia no respondieron a las solicitudes de comentario. Mientras tanto, algunos como Habib y Omar lograron volver a Siria, pero cargan con la experiencia traumática de una guerra a la que fueron llevados con falsas promesas. Azarnykh "nos ve como números o dinero; no como personas", concluye Omar.











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