Argentina y Estados Unidos acordaron un nuevo acuerdo comercial y de inversiones, en un intento por reforzar el vínculo económico entre ambos países, impulsar exportaciones argentinas y atraer capital productivo estadounidense.
La firma del acuerdo se realizó en Washington, con la presencia de representantes oficiales de los dos gobiernos, y fue anunciada como un paso de importancia bilateral en materia económica y estratégica.
El acuerdo incluye 10 ejes principales presentados por el gobierno argentino, entre los cuales destacan:
1. Acceso a mercados: Compromisos de Estados Unidos para facilitar la entrada de productos argentinos, principalmente agrícolas y alimentos procesados, con aranceles más competitivos o cupos específicos.
2. Inversiones: Promoción de inversiones dirigidas a sectores como energía, infraestructura y tecnología, con mecanismos para garantizar mayor predictibilidad legal a inversores.
3. Servicios y e-commerce: Apertura de nuevos espacios para proveedores de servicios y comercio digital, con menores barreras regulatorias en ciertas áreas.
4. Protección de inversiones: Establecimiento de normas para proteger inversiones extranjeras y mecanismos de resolución de controversias.
5. Medidas no arancelarias: Reducción de trabas burocráticas para exportadores argentinos, agilizando certificaciones y controles sanitarios y técnicos.
6. Cooperación regulatoria: Trabajo conjunto para alinear estándares en productos industriales y agropecuarios.
7. PyMEs: Facilidades para que pequeñas y medianas empresas argentinas accedan a cadenas de valor estadounidenses.
8. Cambio climático y energías limpias: Cooperación en energías renovables como área estratégica para inversión.
9. Capacitación y transferencias tecnológicas: Programas de formación conjunta en sectores emergentes.
10. Comités de seguimiento: Creación de mesas técnicas para monitorear la implementación y resolver diferencias operativas entre los dos países.
(Estos puntos son un resumen de los aspectos ampliamente consignados por el gobierno argentino en sus comunicados oficiales y notas periodísticas).
Desde el lado argentino, se destacó que el acuerdo no es un tratado de libre comercio clásico, sino un marco de cooperación y facilitación comercial y de inversiones, diseñado para elevar aranceles cero en productos específicos y reducir barreras en otros segmentos. La Casa Rosada sostuvo que esto puede traducirse en más exportaciones, mayor ingreso de divisas y creación de empleo en sectores exportadores.
En contrapartida, algunos analistas y críticas publicadas por medios como El País señalaron que, si bien el acuerdo abre oportunidades para exportadores y sectores vinculados con inversiones, también puede implicar una apertura más amplia de mercado con ventajas desiguales para ciertos rubros industriales locales frente a productos estadounidenses. En particular, se mencionó que industrias con menor competitividad podrían enfrentar mayor presión de importaciones si no se implementan mecanismos de protección o desarrollo sectorial.
El acuerdo se firma en un contexto de diálogo renovado entre Buenos Aires y Washington, en el que ambos gobiernos buscaron fortalecer no solo los vínculos comerciales, sino también la cooperación en temas como energía, infraestructura y regulación de inversiones. Las autoridades argentinas destacaron la posibilidad de atraer efectivo extranjero hacia proyectos productivos, lo que sería clave para un país que enfrenta restricciones de financiamiento externo y desafíos en la balanza comercial.











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