Entre ofertas, urgencias y “comprar ahora”, el diseño también decide. Y cuando la interfaz empuja, el consentimiento deja de ser libre y empieza a parecer inducido.
La Navidad es el ritual de dar. Pero en el comercio digital hay otro ritual paralelo: el de hacerte decidir rápido. No siempre con mejores argumentos, sino con diseño.
En la pantalla, el consentimiento se volvió un gesto automático: aceptar, continuar, comprar. El problema aparece cuando ese gesto no es plenamente voluntario, sino el resultado de interfaces diseñadas para explotar apuro, culpa o confusión. A estas prácticas se las conoce como patrones oscuros (o dark commercial patterns): decisiones de diseño que direccionan el comportamiento del consumidor según cómo se presentan las opciones.
En diciembre, estos patrones se vuelven especialmente eficaces porque la urgencia es real. Regalos de último momento, miedo a “quedar mal”, tarjetas al límite, chicos esperando, familia mirando. El contexto emocional hace el resto. Y ahí aparece el repertorio clásico:
Urgencia falsa: “quedan 2 unidades”, “la oferta termina en 04:59”, temporizadores que presionan aunque el precio no cambie.
Jerarquías tramposas: el botón más visible te hace pagar más; el “rechazar” está oculto, minimizado o escrito en gris.
El roach motel: entrar al servicio es un click; salir es un laberinto de pasos, condiciones y pantallas.
Consentimiento por cansancio: ventanas que se repiten hasta que aceptar parece la única salida.
Nada de esto es accidental. No se trata de errores de usabilidad ni de descuidos técnicos: son decisiones de negocio. Diseños pensados para maximizar conversión aun cuando eso degrade la calidad de la decisión del usuario.
¿Alguna vez intentaste cancelar una suscripción en plena madrugada de diciembre? ¿O llegaste al último paso de una compra y descubriste cargos extra que antes no estaban? Esa experiencia no es una excepción: es parte del modelo.
Organismos internacionales y autoridades de control vienen documentando cómo estos diseños dirigen conductas, deterioran decisiones informadas y afectan especialmente al comercio electrónico y a los consentimientos digitales. El problema ya no es solo ético o comunicacional; es regulatorio.
Desde el punto de vista jurídico, la cuestión es clara. En Argentina, la Ley 24.240 exige información cierta, veraz, detallada y suficiente. Cuando el diseño oculta condiciones, empuja adicionales o dificulta comprender el costo final, el problema no es estético: es legal.
Además, en los contratos celebrados a distancia, el Código Civil y Comercial reconoce un derecho central: la posibilidad de revocar la aceptación dentro de los diez días. Para que ese derecho no quede en la teoría, existe el llamado “botón de arrepentimiento”, que obliga a ofrecer un acceso simple y directo para ejercerlo. Cuando ese acceso se esconde o se complejiza, el incumplimiento no es simbólico: es concreto.
Navidad no debería ser la temporada alta de la manipulación amable. Comprar puede ser una elección emocional, pero no debería ser una decisión inducida por trampas de diseño. Que el regalo sea tuyo, no del algoritmo. Y que “aceptar” vuelva a significar, de verdad, elegir.
Fuentes:
— OCDE (OECD), “Dark Commercial Patterns” (2022)
https://www.oecd.org/en/publications/dark-commercial-patterns_44f5e846-en.html
— Federal Trade Commission (FTC), “Bringing Dark Patterns to Light” (Staff Report, 2022)
https://www.ftc.gov/reports/bringing-dark-patterns-light
— Argentina, Ley 24.240 — Infoleg
https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/0-4999/638/texact.htm
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